Entre los siglos XVII y XIX Japón cerró todas sus relaciones diplomáticas con el extranjero y Nagasaki quedó como el único puerto comercial abierto de todo el país. Los mercaderes de países con los que todavía se mantenía relación como Holanda o China, entre otros, dejaron huella a su paso y todavía se puede sentir su influencia en las exóticas calles y en el ambiente de la ciudad. El cristianismo se propagó con facilidad, cosa que no gustó al gobierno de la época, por lo que misioneros y creyentes sufrieron una dura represión. Las historias de persecución de cristianos no son pocas. Durante la Segunda Guerra Mundial Nagasaki fue objetivo de una bomba nuclear, poco después que Hiroshima, y desde entonces se ha convertido en una ciudad que reclama la paz mundial.

Aquí se encuentra el origen de la modernización de Japón

Aquí se encuentra el origen de la modernización de Japón

Cuando Japón se modernizó después de una era muy larga de samuráis tuvo que absorber de occidente abundantes conocimientos y técnicas, y logró una rápida industrialización en cuanto al hierro, el acero, el carbón y la construcción naval. Las instalaciones donde se llevó a cabo todo ese proceso son hoy un conjunto de bienes de patrimonio industrial que están registrado como Patrimonio de la Humanidad. Dentro de ese conjunto, en Nagasaki se encuentra la mina de carbón de la isla Hashima (Gunkanjima), conocida en todo el mundo, y que desempeña un papel muy importante como lugar turístico. De entre las 23 instalaciones reconocidas como Patrimonio de la Humanidad, 8 se hallan en la ciudad de Nagasaki.

Un momento histórico sin precedentes que asombró al mundo.

Un momento histórico sin precedentes que asombró al mundo.

Tras la visita de san Francisco Javier y otros misioneros Nagasaki se convirtió en el centro de la difusión del cristianismo. Sin embargo, después de una época de esplendor y de florecimiento del comercio y de la cultura del cristianismo, esta religión fue prohibida durante 250 años.
Los cristianos se vieron obligados a ocultarse y a practicar su religión en secreto mientras fingían seguir el budismo o sintoísmo, las religiones ya existentes, para evitar la represión. Y muchos años después milagrosamente los cristianos resurgieron.
El hecho de que la fe se mantenga tanto años después de una represión es algo fuera de lo común en todo el mundo. Es un lugar que une los sentimientos de muchas personas y al que todavía hoy muchos acuden a rezar, por ello buscamos que en este 2018 se inscriba como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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